sábado, 4 de junio de 2011

MOVIMIENTO ESTUDIANTIL

En los años cuarenta México entra a una nueva etapa al comenzar los movimientos estudiantiles que luchaban en contra de las políticas educativas de las autoridades como fue el intento de clausura del politécnico o el intento de imitar a las universidades estadounidenses con la implantación de sus modelos administrativos, dando como resultado el movimiento por la defensa de las instituciones, como las normales rurales en las que se pretendía eliminar el internado movilizando a más de 120 mil estudiantes comprometidos con la lucha por una educación técnico-popular de acuerdo a las necesidades que tuviera la nación





en México la lucha de clases vivía momentos de intensidad y de tragedia: en Morelos se asesinó al líder campesino Rubén Jaramillo y a su familia por órdenes del Presidente López Mateos; la insurgencia obrera y campesina estaba desarticulada por la represión; en las cárceles había numerosos presos políticos como Valentín Campa y Demetrio Vallejo; el ejército era utilizado como instrumento para reprimir las luchas campesinas y las huelgas obreras; la injusticia condujo a levantamientos armados como los dirigidos por los profesores rurales Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos en el estado de Guerrero



“Se declara la huelga por el comité ejecutivo de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, el 24 de julio de 1968 los granaderos invaden la Vocacional 5 después de que junto con alumnos de la Vocacional 2 provocados por las pandillas de los araños y cuidadelos lapidan el edificio de la preparatoria Issac Ochoterena que tiene incorporación a la UNAM”. Eran estos los encabezados que se leían en los diarios del 1968, en donde los granaderos van a provocar a los estudiantes sin imaginar el movimiento que se despertaría.




En el movimiento estudiantil se sintetiza la lucha de lo nuevo, de una nueva clase política contra la vieja sociedad política que se niega a reformarse y mucho más a morir arrastrando las almas de quienes cayeron en la batalla en pos de un cambio, que son consecuencia de los problemas estructurales en la economía, la falta de libertad política, la existencia de una doble moral enmascarada de hipocresía, la continua represión de un sistema en manos del monopolio mas tradicional y represivo nacido en las entrañas de un partido de traiciones a los principios revolucionarios.

La iglesia se alinea con el gobierno condenando a los participantes del movimiento, lo cual era otra forma de mantener el control del pensamiento de los jovenes o de los padres de estos, siendo una forma de dominación en el entorno familiar, puesto que era la iglesia quien determinaba si las conductas eran buenas o malas

El 2 de Octubre de 1968 en Tlatelolco hubo un parteaguas en la historia de los movimientos sociales cuando se tendió una emboscada en contra de quienes el gobierno califico como “enemigos de México” al pretender justificar su proceder. Se calculan 500 los muertos, más de 300 los encarcelados y un número indefinido de desaparecidos, acabando con el sueño de libertad y democracia estudiantil. Esto convierte al hecho en un análisis obligatorio para entender el comportamiento del gobierno y del partido en el poder durante las crisis no solo económicas sino políticas que ha tenido el país.



Las clases en las escuelas fueron sustituidas por un intenso activismo político que duró 160 días de movilizaciones. Al principio los medios de comunicación censuraban todas las noticias, por lo que existía la necesidad de transmitir los hechos de diversas formas ya fuera con boletines repartidos casi en la clandestinidad o haciendo uso de la música mexicana para tener sus propios corridos adaptados a la música de los ya tradicionales, donde se plasma la intensa lucha no solo en los sitios donde se informaba a la gente, o en las manifestaciones, sino también en las escuelas.

Ante el mundo se intentó justificar la matanza de estudiantes como el único recurso, pues se decía que era imposible dialogar con los jóvenes, pero la sociedad nacional e internacional se dio cuenta de la intolerancia de la clase política en el poder, que por movimiento social veía centros subversivos, de vicios o prostíbulos donde se les atacaba su forma de ejercer el poder desde el punto de vista de los estudiantes, quienes se preparaban para forjar un futuro basado en la democracia, abriendo un camino diferente a las clases sociales del país diciéndoles que su papel no era el de sumisión y de ejercer el papel oficial que dictaba la historia de la revolución, adoptando papeles que denigran y empobrecen más a la población tanto urbana como rural.

El desenlace sangriento del movimiento estudiantil perpretado por el entonces presidente de México, Gustavo Diaz Ordaz, y la brutal represión a la manifestación del 10 de junio de 1971 en la presidencia de Luis Echeverría en virtud de la falta de voluntad por parte del gobierno de la República para emprender los cambios tanto de tipo económico como político, social y cultural ya maduros de la sociedad mexicana, dan lugar a que diversos grupos de estudiantes, profesores universitarios, normalistas y otras personas de la clase media decidan emprender una lucha armada en contra del Estado mexicano.

Desde el punto de vista del gobierno, la matanza de Tlatelolco era respuesta a la supuesta agresión por parte de los estudiantes, pero en realidad esa era la única forma de controlar a ese sector de la población que se había salido de las estructuras marcadas y determinadas por el Estado, de cómo se tiene que comportar el pueblo. Era la matanza el ejemplo más ilustrativo –aunque él más sangriento- de lo que podía pasarle a toda la nación si levantaba la voz para manifestarse en contra de las políticas instauradas por el gobierno. Pero también dentro del Estado, con uno de sus ejes de poder que es el ejército, internamente se luchaba por alcanzar un mayor poder, y el medio de ganarle al enemigo era eliminarlo. Es así como comienza una de las escenas más dolorosas para la sociedad mexicana.


El 2 de octubre había en la Plaza de Tlatelolco cuatro batallones: uno apostado en la Plaza casi junto a los estudiantes; el otro sobre la avenida Reforma; otro en calles aledañas a la Plaza para formar una tijera para que tomaran prisioneros a los integrantes del Consejo Nacional de Huelga con la orden de no disparar a menos que los estudiantes comenzaran la agresión; pero también se encontraba el Batallón Olimpia vestido de civil pero con la distinción de portar una pañoleta blanca en el brazo o tener un guante blanco. Estos estaban distribuidos como francotiradores por todos lados, dentro de la iglesia, en los edificios, en pasillos, marquesinas, en toda la Unidad Habitacional y sus alrededores. Son estos quienes, cuando cae una luz de bengala, comienzan a disparar, mientras los soldados cuyo General a cargo cae herido responden a esta agresión, quedado los estudiantes del mítin entre dos fuegos. Todos huían, todo era confusión, los mismos soldados detienen a sus compañeros del Batallón Olimpia por andar de civiles, pero estos se logran identificar y continúan sus acciones.



La narrativa mexicana recreó el movimiento estudiantil de manera brillante alcanzando niveles memorables con autores como Luis González de Alba, Elena Poniatowska, Carlos Monsivais, Gustavo Hirales, Carlos Fuentes, Octavio Paz, entre otros. Pero también fue el cine el que lo hizo con trabajos de Leobardo López y su cinta El Grito, así como El Apando, Rojo Amanecer, y Canoa donde son abordados los trágicos sucesos con el rechazo de la gente de provincia influida por la iglesia que lleva al pueblo a masacrar a estudiantes. Asímismo es importante el reciente documental elaborado por la productora Canal 6 de julio, denominado Operación Galeana.


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